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Lázaro Rosa-Violán

Designer

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El premio «Fuera de Serie de Interiorismo 2017» suma ya más de 200 proyectos en todo el mundo, y su número no deja de crecer.

La repercusión mediática que reciben sus diseños nos da una idea del impacto que generan sus proyectos a nivel internacional. El diseñador y su estudio, fundado en 2002, han trabajado en la modernización de tiendas de Pull&Bear, la creación de espacios tan inigualables como Diverxo (el restaurante del chef Dabiz Muñoz), o incluso la zona VIP del nuevo estadio de San Mamés (en colaboración con el estudio Urbana 15). Y estos son solo algunos ejemplos de sus proyectos en España. Y es que sus diseños se extienden por todo el mundo: América, Asia, Europa y el norte de África.

Nacido en Tánger, de padres y abuelos catalanes, Lázaro Rosa-Violán vive a caballo entre Barcelona y Nueva York. Ya no parece aquel niño de 8 años que asistía a la Academia de Bellas Artes como alumno visitante. O tal vez sí. Se define a sí mismo como «pintor por formación, viajante por convicción y diseñador de interiores por instinto», y asegura seguir encontrando la inspiración en todas partes, con un estilo que «son todos los estilos», fruto de su gran bagaje cultural. Descubramos más al profesional y a la persona detrás de él.

¿Pintor antes que arquitecto? ¿Qué le llevó al mundo del diseño de interiores?

Profesionalmente, hice mis pinitos en la pintura antes de la arquitectura, pero en amores, van en paralelo. Lo cierto es que no planeaba hacer nada relacionado con la arquitectura a nivel profesional. Estudié la carrera por placer, sin intención de convertirla en mi modo de vida. Pero hubo un momento en que me di cuenta que pasaba el 90% de mi vida solo, y comencé a hacer proyectos para trabajar en compañía.

¿Su primer éxito fue producto de esa soledad o del trabajo en equipo?

La verdad es que no sufría mucho por estar solo, pero llega un momento en que necesitas un equipo. Y es que todo conduce a todo. Me explico: hubo un momento en el que tenía una vida social bastante intensa y un trabajo bastante solitario. Así que mi ocio consistía en salir a cenar, y veía restaurantes que me horrorizaban. Por eso, cuando vi la oportunidad de desarrollar mis ideas en el famoso Can Vent de Formentera, lo hice y fue un éxito.

¿Algún pintor o arquitecto de referencia en su trabajo?

Muchos. Quizás Le Corbusier. Sé que es un clásico. Pero hacía de todo y lo hacía muy bien. Sabía cómo combinar. A veces, por cuestiones de dinero, hacía proyectos con una gama de materiales supersencilla. Tocó la pintura y sabía manejar la luz. Abarcó todos los ámbitos y lo hizo bien. Pero es solo un ejemplo, no me radicalizo con nada.

DIVERXO (MADRID)

El restaurante del chef tres estrellas Michelin, Dabiz Muñoz, concentra toda su furia creativa. Afirma que «se trataba de crear un lugar único y lleno de ensoñación para una cocina diferente y excepcional». Los materiales de Cosentino dieron forma a ese hábitat.
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La encimera central negra, en Dekton Domoos, contrasta elegantemente con las brillantes mesas realizadas en Silestone Blanco Zeus.

«Tengo la teoría de que se puede mezlar todo. Lo importante es el resultado».

¿Dónde se formó?

Hice Bellas Artes en Madrid, los dos primeros años de Arquitectura en París y los otros dos en Londres. No quería estudiar en España. Aquí la carrera parecía una ingeniería. Llevaba toda mi vida pintando y quería especializarme en tres áreas de la arquitectura: pintura, diseño industrial y escultura. En aquella época, hace 30 años, no era posible estudiar estos «diseños» en España. Por aquel entonces, los profesores eran arquitectos y no había ningún catedrático que me enseñara lo que yo quería aprender. Siempre me ha gustado mezclarlo todo e inventarme las cosas.

Así que me fui al extranjero con la idea de abordar el tema del interiorismo, sin llegar a ser un decorador, término peyorativo en España, aunque no entiendo por qué. En Estados Unidos es la segunda carrera mejor pagada después de la abogacía. Incluso entre nosotros, los interioristas, hay muchos que se ofenden si se usa ese término.

Háblenos un poco de la decoración industrial, en la que fuiste pionero en España y que ahora es tendencia.

Es cierto que he sido pionero, pero por falta de recursos. Yo vivía en Barcelona, donde era fácil encontrar todas estas cosas tan bonitas. También he viajado mucho a Nueva York en los últimos 25 años, donde es tendencia, y estoy muy familiarizado con ese estilo. De hecho, me he criado en Bilbao, lo que me ha dado esa perspectiva de la belleza en lo industrial. Quizá mi estilo sea una mezcla de todo.

¿Es esa la razón por la que trabaja con materiales como Silestone y Dekton?

Trabajo con Silestone y Dekton por muchas razones. Quizá la primera de ellas sea su resistencia. Pero también por su relación con lo industrial. Me gusta el punto en el que se ve la intervención humana en el material, sin que parezca artesanal.
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Pero usted es un poco artesano, ¿no?

Hay un aspecto que la gente no conoce de este tipo de materiales, y es su toque humano. Me gusta su capacidad de poder crear un gran formato en un solo material. Eso no tiene precio. Estás tocando un material que no es natural pero en el que también intervienes.

How do you create a unique universe? Do you establish a dialogue with all the pieces, formats and textures?

Tengo la teoría de que se puede mezclar todo. La idea de «este metal no va bien con otros, el plateado no pega con el dorado» me exaspera. ¡Porque ellos lo digan! Todos tenemos nuestros propios recursos y habilidades. Nuestro talento depende de muchas cosas. Por ejemplo, hay personas que necesitan aferrarse a sus proyectos y diseños. Yo nunca me aferro a nada. Creo que lo que importa es el resultado final y la percepción del cliente, la percepción que tiene la persona en el espacio. Si tienes que ir en diagonal para llegar, simplemente hazlo.

BIBO (MADRID)

7000 bombillas cubren sus paredes, recreando una atmósfera barroca en la que los productos de Cosentino se integran en el conjunto con un aire mediterráneo, una llamada a los orígenes del chef español. Del techo cuelga un globo aerostático, en alusión al mundo culinario tan cosmopolita de Dani García.
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La barra circular a dos alturas realizada en Marquina es el lugar perfecto para un picoteo mientras se aprecian diversas ilustraciones marineras.

Háblenos de la influencia oriental en sus proyectos…

Creo que nos gusta lo exótico, lo que no tenemos. Por eso, cuanto más diferente sea lo exótico, mejor. Y para nosotros, europeos y mediterráneos, lo oriental es la antítesis de lo nuestro. El Mediterráneo lleva en contacto y diálogo con Oriente desde antes incluso de los viajes de Marco Polo. Probablemente sea porque los polos opuestos se atraen entre sí.

¿Cómo le gustaría terminar esta entrevista?

Muy a menudo las preguntas que me hacen se reducen a cuestionarios y datos. Quieren que digamos que ahora estamos trabajando en Sudáfrica, en América, etc. Lo que me gustaría contar es por qué hacemos los proyectos de la manera en que los hacemos. Me interesa que se me vea como el jefe, el capitán de un equipo. De hecho, así es como me llaman en la oficina. A fin de cuentas, yo hago lo que hago porque tengo un gran equipo.

¿Como el «Oh capitán, mi capitán» de Walt Whitman?

No, pero me resulta divertido. En una reunión para un proyecto en Corea, un miembro de mi equipo me presentó como «el capitán». Y me quedé con ese nombre.
Lázaro Rosa-Violán

Lázaro Rosa-Violán

Interiorista